02 febrero 2011

EN PELIGRO DE EXTINCIÓN


Son el espejo de la cultura de un país, si se quiere entender muchas de sus costumbres es indispensable visitar uno, me refiero a los mercados.
Los mercados populares son cada vez más escasos, hasta 2009 estaban registrados 36 mercados públicos en el D.F.
Hace mucho que no iba a un mercado, me encontré con cosas que tal vez cuando era más pequeño no les ponía tanta atención aunque algunas cosas siguen siendo igual de fantásticas que antes.
Por ejemplo, la magistral manera de cómo los carniceros “sacan” los bisteces, que se olvidan de lo demas y que hipnotizan, increíble ver como de un gran pedazo de res, colgado de un gancho pueden crear los mas absolutamente increíbles cortes de carne, filetes de la mejor calidad, como un escultor que hace surgir una delicada pieza de arte, a partir de un trozo de piedra.
El sincretismo está presente, la unión de dos culturas, por un lado, una tradición netamente mexicana como las piñatas, que cobran forma de personajes de una industria netamente gringa, con piñatas de personajes como Piolín o Batman.
Sonidos de mercado, los puestos de fruta, con los vendedores gritando las ofertas y dando la prueba de sus mercancías.
La pescadería, con aroma inconfundible, muestra la variedad de productos procedentes del mar y que en algunos casos son realmente baratos.
El “lugar” de los abarrotes, los puestos de flores, el local de jarcieria (gran palabra diría Gil Games) que no es otra cosa que los artículos para la limpieza del hogar, los enormes sacos llenos de chiles secos…
Los mercados públicos cada día empeoran sus condiciones, sus ventas, la afluencia de compradores disminuye, no los dejemos morir.

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